ESTAR A SOLAS: ¿HUYES O TE QUEDAS?

¿Qué dirías si te dijera que el estar a solas es una capacidad o habilidad que se desarrolla?  Pues así es, D. Winnicott, diría que es un logro evolutivo del ser humano, pero ¿por qué? Pues sencillo, el ser humano es un ser social, esto quiere decir que necesita la relación con un otro semejante para que a partir de ésta pueda construir su aparato psíquico y sus regulaciones.

En los primeros tiempo de vida todo ser humano necesita de un otro suficientemente bueno que le valide, le haga sentir seguro pero que también le ponga límites que le ayuden a regularse y aquí es donde se juega el desarrollo de esta habilidad.

La relación con estos otros, con estas figuras de apego, jugarán un papel determinante en la autopercepción y en la forma en cómo percibirá al mundo esta persona. Dejarán una huella que permanecerá en la psiquis del sujeto independientemente de que sigan acompañándolo físicamente o no estas figuras.

En este sentido podemos decir que estar a solas, a partir de este segundo tiempo que estamos hablando, es independiente al estar solo o acompañado.

Estar a solas

A veces pasa que estar a solas se convierte en algo insoportable, por eso se hacen movimientos evitativos, de huída, que nos alejen de ese encuentro con nosotros mismos. Nos convertimos en estupenda compañía para el de afuera pero no para nosotros mismos porque es ahí donde empieza a complicarse el panorama, emergiendo entonces la incomodidad y el malestar.

No puedo estarme quiet@, necesito hacer algo: ejercicio, cocinar, salir, ir de fiesta, limpiar, ordenar… todos movimientos que me saquen de mí, que si bien esto es necesario muchas veces para parar, desconectar, puede convertirse en la forma de evitar encontrarnos con nuestros propios pensamientos ¿por qué?

Cada uno tendrá su respuesta porque cada quien tiene sus propios ¨monstruos¨  internos, percepciones de sí, vacíos, errores, asuntos pendientes, culpas, etc… que a veces toman un matiz angustiante que hace que no se quiera verlos a la cara ni oírlos; mejor es hacer ruido que los acalle y así no persigan.

Y aquí entramos en un aspecto fundamental del estar a solas, el punto persecutorio que se nos devuelve y que no sabemos cómo hacerle frente, le damos la espalda, hacemos ruido para no oírlo pero él sigue ahí, cuando paramos vuelve a tocarnos la puerta y lo seguirá haciendo hasta que nos detengamos a ver quién es y qué pasa con él.

¿Y si volteamos a verlos/nos?

También es verdad que si nos detenemos a verlo capaz descubrimos que no es tan feo, tan grande, tan grave y al final hasta terminamos soltando una carga pesada que no nos dejaba estar tranquilos con nosotros mismos. Dejando de huirnos capaz hasta terminamos descubriendo que nos caemos bien, que somos buena compañía en soledad y para un otro.

A fin de cuentas, es verdad que tenemos huellas que nos marcan y fundan nuestras formas de ver el mundo y a nosotros mismos, sin embargo, no es que estamos destinados a ellas, que no podemos hacer nada. Al contrario, cuando encontramos el coraje para voltear a verlas, sobretodo a esas que nos dan miedo podemos entonces darle un matiz distinto, transformarlas, construir algo que nos permita sentirnos mejor y disfrutar de nuestra propia compañía, sentirnos más a gusto con nosotros mismos y por supuesto, con los demás también.

Empezar a relacionarnos distinto con nosotros ayudará a relacionarnos más libremente con los demás.

Escrito por Daniela Alós

Please follow and like us: