LO AGRESIVO “TÚ O YO”

Por semanas hemos estado preparándonos para la desescalada para volver a la normalidad luego del COVID-19. En España se ha decidido hacer por fases. El gobierno y la sanidad se han tomado el tiempo de publicitar a través de todos los medios posibles, las medidas de protección y prevención para evitar la propagación del contagio del virus. ¿Pero quién está protegiendo la salud mental y emocional de los individuos? 

Podemos salir a la calle a dar paseos, a ir a trabajar, a quedar con amigos para tomar unas cañas o simplemente sentarnos en una terraza, pero curiosamente la gente no sabe cómo actuar, no sabe cómo adaptarse a la nueva normalidad, a este nuevo mundo que debemos crear nosotros. Podríamos decir que es ese no saber lo que lleva al ser humano a conectar más con su frustración, a tener un nivel de tolerancia más bajo, y por consecuencia, a responder de forma irritante o agresiva, por ejemplo: gritarle a alguien que se ponga la mascarilla o que mantenga los metros de distancia por seguridad. 

La agresión y la agresividad

Desde la perspectiva Gestáltica, existe una diferencia entre lo que es la agresión y la agresividad, aunque coloquialmente suelen ser tratados por igual. La agresión responde a cualquier impulso interno que surge de una necesidad específica, en donde toda persona busca satisfacer su demanda. Es algo saludable, nos permite movilizarnos hacia el objeto de deseo, vincularnos con un otro y luego retirarnos (satisfechxs o no). En contraparte la agresividad responde a un impulso interno (sentimiento) que pone en marcha ciertas conductas como método de protección y supervivencia ante un peligro.

 La agresividad como elemento constitutivo en el sujeto

Ahora, ¿que sucede cuando este peligro no es real, y no existe la necesidad de defendernos? Puesto que la agresividad es constitutiva en el sujeto, existen múltiples razones y funciones por las que una persona actúa agresivamente sobre otro o incluso sobre sí mismo. Puede ser por necesidad de dominio, por querer aniquilar algo interno de sí mismo no tolerable, por no tolerar las formas de goce del otro, por sadismo, es decir, conseguir placer al efectuar algún daño, por no poder expresar lo que se siente por medio de la palabra y actuar por medio del acto agresivo, etc.

Si nos ubicamos en el momento coyuntural en el que nos encontramos, ¿a qué responde tanta agresividad? Podríamos responder que el vivir en un “mundo nuevo” de incertidumbre, de peligro, nos hace menos tolerante a las diferencias y al querer retornar a lo conocido o incluso imponer nuestra forma de pensar o actuar a los demás. 

Ciertamente, tras el COVID, todo ha cambiado, cada vez hay más personas que tienen miedo de salir a la calle, de volver a sus puestos de trabajo, de visitar lugares muy concurridos, diversas sintomatologías que hablan de la época en la que estamos inmersos. Como también existen casos de personas que subvierten la ley y no están cumpliendo las medidas de seguridad propuestas por el Estado. Esto ha desencadenado una suerte de “deber ciudadano” de acusar y tomar medidas agresivas porque los otros no actúan en función de sus propias leyes internas y externas.

Tú o yo

Es decir, por medio de una máscara social dirigida por un mandato moral: “el bien común”, el sujeto se siente con el derecho de atacar. Esto es la manifestación más clara de que no solo el sujeto reacciona agresivamente en aras de asegurar su supervivencia, si no que hay algo más, ese algo más, que empuja a entrar en un eje imaginario donde se plantea “o tú o yo”, es en ese juego donde se establece gran parte de la socialización, y si no está mediada por algo que intercepte, que haga sus veces de límite para poder dar lugar a ambos, la autodestrucción de uno de los elementos es la única salida percibida.

Entonces, consideramos necesario por un lado, que se promueva un discurso donde exista mayor tolerancia a los tiempos subjetivos de cada individuo en su proceso de readaptación a esta nueva forma de vivir socialmente, es decir, donde puedan coincidir las  normativas de convivencia para todos, pero a la par, incluyendo el respeto y la tolerancia ante  las diversas respuestas y modos de afrontamiento individuales ante la nueva realidad.

Elegir la vía de la destrucción o de la reinvención

Por otro lado y he aquí la responsabilidad de cada uno de nosotros, consiste en re-construir este nuevo mundo al que nos estamos enfrentando, y eso solo se logra con el trabajo y diálogo personal, reconocer lo que sentimos es el primer paso para propiciar la autorregulación emocional, una vez identificado el sujeto tiene la posibilidad de cuestionarse y elegir cómo desea actuar, ya sea por la vía de la destrucción o por la vía de la reinvención.

 

Escrito en colaboración por Mariana Hellmund y Patricia Obregón.

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