SUFRIMOS MÁS POR LO QUE IMAGINAMOS

A veces, corrijo, muchas veces sufrimos más por lo que imaginamos que por lo que en realidad es. Nos movemos en el mundo de las ideas y todas ellas están impregnadas de memorias, emociones y también el agregado propio de nuestra interpretación, es decir nuestro propio aderezo.

Dirán, -de qué hablas, las cosas son como son y la realidad es la que es, la que vivo.- Pues sí y no, la realidad tiene su cuota real pero también su cuota de ficción, esto a causa de que nosotros interpretamos lo que vemos o vivimos en función de lo que tenemos dentro en nuestros archivos psíquicos y emocionales.

Cuestión de malentendidos

Te pongo un ejemplo,  discutimos con un amigo o un familiar por algo ocurrido, ese algo responde a un hecho en concreto que los dos vivieron pero cada uno a su manera, para uno significó una cosa y para ti otra. Aquí tenemos la coexistencia de la realidad y la ficción.

-Pero es el mismo hecho! -Correcto, pero ¿a caso la discusión no se produjo precisamente por la diferencia suscitada por éste? Esto ocurre porque cada quien la vive desde su singularidad, le despierta emociones, recuerdos y desde ahí responde, dice y hace cosas que puedan ser o más o menos ofensivas para el otro involucrado en el conflicto y que puede que ni haya sido lo que el otro estaba pensando o diciendo.

Después de la discusión, empieza entonces la faena mental de: -tenía que haberle dicho tal o pascual, o me dijo esto porque yo tal cosa. Y ahí comienza a dársele rienda suelta a la imaginación, que hace que pasemos muchas veces de la ira a la tristeza o vergüenza, porque empiezan a resonar asuntos internos que se pusieron en juego en esa interacción con el amigo o familiar. Acabas de entrar en tu propia trampa si no te detienes a filtrar y re-colocar las cosas.

Detener la faena mental de lo imaginario

El mundo imaginario existe, imaginario en tanto que forma parte de nuestra constitución como sujetos hablantes, pero ahí es donde hay que meterse a decantar las ideas que emergen y que a veces nos torturan.

Cuántas veces te detienes a cuestionarte ¿qué tanta razón tienes y qué tanto no? O, ¿hasta dónde llega tu cuota de responsabilidad en esto y hasta donde llega la del otro? ¿Qué es lo que te está molestando o haciendo sentir triste del hecho? ¿Es el hecho en sí o es lo que despertó en ti? ¿Qué es lo que despertó y cuánto cargo de eso te esta haciendo, o más bien estás escurriéndole el bulto al otro?

Son preguntas que apuntan a re-colocar las situaciones, emociones y definir el campo de acción. Cuando nos perdemos en el mundo imaginario las situaciones se tornan mucho más grandes, las emociones que se nos devuelven son más difíciles de hacerles frente y empezamos a arrastrarlas y peor aun, las repetimos.

Tropezarse dos veces con la misma piedra

Esto de repetir, tropezarse dos veces con la misma piedra dicen que es una cuestión muy humana: ¨el ser humano es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces. ¨  No se si sea cierto que solo nosotros tropezamos con la misma piedra dos veces, pero es verdad que sí solemos quejarnos mil veces de exactamente lo mismo pero no nos ocupamos tanto en cambiarlo.

Y cómo cambiarlo si ni siquiera nos detenemos a interpelarnos, cuestionarnos: ¿que carrizo está pasando con uno? Es más fácil ir en automático pero no por de esta manera significa que que sea menos doloroso o más asertivo.

Entonces, si lo que imaginamos incrementa el sufrir por sufrir, magnificando ciertas circunstancias. Y el limpiar el terreno psíquico, interpelándonos, compensa el estrago. ¿Por qué no pruebas de comprobar si esto que te estoy comentando puede servirte a soltar y transformar las interpretaciones imaginarias que a veces terminan convirtiéndose en tu propia cárcel, lastre y autosabojate de la tranquilidad?

¨ El inconsciente de un ser humano puede reaccionar sobre el de otro sin pasar por lo consciente ¨ S. Freud.

 

Escrito por Daniela Alós

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