CUANDO SALGAMOS A LA CALLE

LOS GUANTES AZULES

  • “Hoy me enteré de que mi esposa/mujer tiene un segundo nombre”
  • “No sabía que mi hija tomaba clases de inglés particulares”
  • “Me he dado cuenta de que hay días en que mi pareja no se ducha”
  • “Extraño ir a visitar a mis abuelos”

Estas son algunas de las frases que he escuchado de familiares y amig@s en estos días de “encierro”. En estos días en donde la libertad se ha visto confinada no por algún delito cometido, por alguna baja de enfermedad, ni siquiera por elección; sino por un estado de alerta en respuesta a una pandemia mundial. Y es que, en la historia de la humanidad, es la primera vez que el mundo parece paralizarse por un virus. Todos y cada uno de nosotr@s estamos viviendo un tiempo detenido que se denomina año 2020.  

Entonces, ¿qué nos pasa como especie, como humanos, cuando se coarta nuestra libertad?

En mi cuidad no se puede salir a la calle sino es con una mascarilla y guantes. Cuando camino vía al supermercado ya no veo personas, ya no veo sonrisas, solo veo los ojos (que enmascaran rabia, tristeza, ansiedad, llanto) de aquellos que salen a buscar suministros o artículos de primera necesidad. La identidad se ha perdido, el contacto se ha perdido, ahora solo hay manos con guantes azules. 

En una sociedad en donde la tecnología estaba robando el protagonismo de la vida, de repente surge la necesidad de querer ver a alguien y por obligación tener que hacer una video llamada, de querer abrazar a alguien y tener que hacerlo con un cojín, de querer besar a alguien y tener que mandar emoticones de corazón por el móvil. 

Tengo las manos secas de tanto anti-bacterial

Tengo la piel blanca de no poder tomar el sol

Tengo los dedos dormidos de escribir en el ordenador/laptop

Tengo los ojos cansados de leer información

Tengo los oídos tapados de escuchar noticias 

Las calles de Madrid están vacías… las calles del mundo están vacías. La capa de ozono está cerrando el hueco que hemos creado con tanta contaminación. Los océanos se están limpiando. Los bancos de sangre tienen más reserva que nunca. Los hoteles están siendo destinados a la salud, no a la recreación. Ahora la alarma del despertador tiene susurros de pájaros cantando. Las siete maravillas del mundo están respirando, sus suelos ya no están cediendo ante la pisada de millones de turistas. 

Cuando volvamos a la calle todo será diferente, el mundo como lo conocemos no será el mismo. Algunos saldrán con miedo, otros con deseo y entusiasmo. Habrá muertos, empresas cerrarán, gente perderá su trabajo, l@s niñ@s habrán crecido, la economía se verá afectada, la salud mental se verá afectada. 

Y en este reinventar el mundo, se crearán puestos de empleos nuevos (que ni siquiera pensábamos posible), se modificará el sistema educativo (cambio que necesitamos desde hace años), l@s niñ@s correrán con mayor energía, disfrutaremos de respirar un aire limpio, l@s abuel@s volverán a llenar las plazas con juegos de carta y dominó, podremos nadar en un mar sin que se nos atasque una bolsa de basura en el pie. Habrá limitaciones de aforo en sitios públicos (lo cual lo hace más íntimo y especial); se reanudarán los partidos de fútbol y las cañas “after office”. Pero sobre todo habrá un cambio social.

Tal vez, cuando volvamos a la calle, dejemos el móvil en la casa, nos quitemos los guantes azules y nos abracemos. 

 

Escrito por: Mariana Hellmund

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