IDENTIDAD ATROPELLADA

Cinco historias de migración, que en realidad no son cinco, sino la suma de much@s que por supervivencia o por elección han tenido que dejar su lugar de origen, de nacimiento.

Cada migrante, por algún motivo personal y único, renuncia a ese espacio seguro y conocido, para lanzarse a vivir en un país diferente, donde lo que se pone en juego es: la identidad, el ser, y el “yo”.

Nadie nos enseña a dejar “el nido” y “volar”, a responder a preguntas tan sencillas como ¿quién soy? ¿qué quiero? ¿hacia dónde voy? Esa asignatura no se cursa en ningún colegio o universidad; y mucho menos hay una que se denomine “cómo mudarte de país”. Es así como la reinvención, en un camino de plural aprendizaje, se convierte en un proceso de identidad atropellada.

Inicia el proceso de transformación…

Se nos devuelve en un proceso de identidad atropellada, donde el desarraigo de tu procedencia, de tu acento, produce rechazo, rabia, soledad, dolor, aislamiento, incertidumbre. De pronto te ves obligad@ a dejar atrás personas, espacios, objetos, recuerdos, puestos de trabajo, poder adquisitivo, mascotas, tu hogar… tus sueños. En este re-ubicarte te encuentras en una sociedad que, si bien (a veces, con suerte) habla tu mismo idioma, no así en tu mismo lenguaje; no entienden cuando dices “carro” en vez de “coche”, o “cambur” en vez de “plátano”. Algunos dirán que sólo son barreras idiomáticas, pero lo cierto es que poco a poco tienes que empezar a moldearte, a cambiar tu forma de hablar, y cuando menos lo esperas, te encuentras diciendo “tío/tía” en vez de “pana”. 

Las historias de migración no se entienden cuando se leen, se entienden cuando se escriben.

Se empacan pertenencias materiales y emociones en una maleta, y se comienza un viaje hacia un mundo desconocido, hacia un lugar extraño. Migrar es acostumbrarse a un nuevo olor, sabor y cultura. Es saber y aprender que el primer año dejarás la almohada llena lágrimas porque extrañas, que pasarás noches sin dormir porque no tienes trabajo, que perderás dinero buscando un lugar donde vivir. Es querer abrazar a un ser querido y tener que conformarte con una videollamada; perder los domingos de fiesta con los amigos, tener que llevar galletas el día de tu cumpleaños a la oficina, tiritar en invierno y derretirse en verano.

En cada historia, en tu historia existe un duelo íntimo, una deconstrucción de tu identidad que te hace conectar con ese espacio y que luego se vuelve a construir pieza por pieza para estructurar ese “yo” que creíamos perdido. Y es así, como en esa singularidad del migrante, como poco a poco se empieza a hacer un hueco donde antes sólo había una grieta. En donde la particularidad, la soledad, y el “aprender a estar conmigo”, cobra un especial valor.

Reconstruir la identidad

Migrar para nosotr@s significa aprendizaje empírico, observar, escuchar, moldear, flexibilizar, deconstruir y construir, enfrentar situaciones que te resultan absurdas, estar orgullos@ de tu procedencia, de tu crecimiento personal, de tu movimiento, de tu integración de un “otro”, dejar ir, recordar, y adaptarse. Significa una reconstrucción de tu identidad.

Pensarás muchas veces ¿por qué migré? ¿para qué estoy aquí? Esto, aunque otr@s sean incapaces de entenderlo, es un proceso individual y doloroso, de mucho cambio y resiliencia.

Tu historia de migración es una conversación contigo mism@, que aquí puedes compartir.


Compilación escrita por: Mariana Hellmund

 

 

 

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