NO-INSTRUCCIONES PARA QUEDARSE EN CASA

     Todas las personas nos encontramos en un estado de pausa, una pausa que nos salva del ritmo desenfrenado al que estamos sometidos como sujetos históricos del Siglo XXI. El confinamiento ha desencadenado tantos efectos singulares como personas existentes. Pero algo que pudiéramos rescatar como factor común es la paradoja en la que nos vemos inmersos: tenemos que tomar distancia para luego volver a unirnos.

     Esta situación, que puede verse como una desgracia, como una contradicción con nuestro estilo de vida, nos está empujando a vivir del otro lado, invitándonos a volcar la mirada del mundo exterior al mundo interior.

     Ese mundo interior, muchas veces silenciado por mera costumbre, por miedo a lo que se vaya escuchar, o porque sencillamente desconocemos de su existencia, es un espacio que todos los seres hablantes poseemos. En ese lugar residen nuestros afectos, recuerdos, historias, deseos, pensamientos… en definitiva, nuestra intimidad.

Intimidad

En esta época, ¿es nuestra intimidad verdaderamente nuestra o estamos en continua exposición? ¿Compromete esta exposición nuestra intimidad?  

     Considero importante plantearnos estos interrogantes, sobre todo en estas circunstancias donde las RRSS nos brindan un espacio para poder vehiculizar lo que este confinamiento genera emocionalmente en cada uno de nosotros. Hay quienes necesitan dar cuenta de su intimidad diariamente. Otras personas optan por seguir a cabalidad las recomendaciones de alguien que le transmite un saber hacer. Otros tendrán una actitud desconfiada ante los contenidos virales y decidirán apartarse. Incluso habrá quienes decidan expresarse mediante otras vías.

     Es por ello que podemos decir que no existe UNA única respuesta ideal frente a este nuevo e inédito escenario que nos ha tomado por sorpresa. Existen infinitas formas de hacerle frente e infinitos tratamientos de lo íntimo:

     La gestión de nuestra intimidad le corresponde a cada uno individualmente, más allá de que el sujeto decida o no exponerla a los otros.

     Es ahora, más que en otros momentos históricos, donde podemos aprovechar esas cuatro paredes físicas y mentales para dar un lugar distinto a nuestra privacidad y otorgar un valor renovado a nuestro mundo interno en equilibrio con los imperativos sociales actuales (¡comparte, publica, exponte!).

Imperativos corona(virales)

¡Todos a hacer ejercicio! ¡Todos a cocinar y publicarlo! ¡Hagamos challenge! ¡Deberías leer lo que no has leído en años! ¡Medita, crea música, escribe, pinta! Haz, haz, haz…

     Todos y cada uno de estos mandatos sociales son válidos y para muchos, hasta cierto punto, necesarios para poder funcionar, son formas que el sujeto usa para tramitar la angustia. Sin embargo, tomar estos imperativos al pie de la letra puede producir en el sujeto una suerte de extravío del deseo, e incluso angustiarlo más de lo que puede soportar: al fin y al cabo, los ideales impuestos casi siempre son imposibles de alcanzar.

     Lo que funciona para muchos no necesariamente funciona para UNO.

     Lo UNO, esa manera subjetiva y singular del ser, es la guía que tenemos para poder elegir acciones que nos ayuden a soportar lo que se presenta como insoportable. Haciendo una elección consciente – en consonancia con lo que se desea y valiéndose como mejor le convenga de algunos signos sociales – el sujeto podrá trazar sus instrucciones diarias para quedarse en casa y vivir esta experiencia de la manera más satisfactoria posible.

 

Escrito por: Patricia Obregón Santa Cruz.

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